29 de agosto de 2010

Existe un gran desorden bajo los cielos. La Presidenta afirma que hay un déficit fiscal que ella ignoraba, en tanto su diputado número uno la desmiente y señala que sí lo conocía. Doña Laura dice que no a un nuevo edificio para la Asamblea y el Presidente legislativo dice que sí. Cuando la Sala IV anula todas las maniobras contrarias al orden legal en lo de Japdeva, Zapote queda atónito y la palabra diálogo luce más como un escudo, que como un puente.

Lo que ocurre es una reacción ciudadana que, aunque tardía, es justificada, no solo frente a los cien días de gobierno de doña Laura, sino a los cuatro años de don Óscar, que se le suman en lo esencial. Por eso el desorden administrativo en la construcción y preservación de puentes, con olvido consciente de las recomendaciones de la misión técnica japonesa; el abandono por dos años de valiosos materiales para su reparación, condenados a convertirse en chatarra; la acumulación de superávits en el MOPT, por miles de millones de colones, en medio de carencias urgentes de la población; las mentiras sobre la platina, que primero se arreglaría en tres días, luego en meses y acabó con que ahora hay que pagar cuatro millones de dólares para salir del problema, son fallos graves que se le juntan al Gobierno.

Reparando la platina. (Foto Jorge Tenorio para La Nación).

Pero están también las intocables concesiones. Hasta que la oposición unida no se paró en firme para exigir una investigación casi obligada, se actuó como moro sin señor. Las carreteras concesionadas no funcionan o lo hacen mal; las denuncias sobre el alto costo y los actos lesivos en la del aeropuerto, indignaron incluso a altos funcionarios actuales y a connotadas personalidades del PLN. Pero fue imposible obtener razón o rectificación alguna y, menos, que alguien asumiera la responsabilidad de lo actuado, con sus fallas, retardos y el gran desperdicio económico. Por ello, las resistencias de la fracción liberacionista, atendiendo las órdenes desde Zapote, a integrar una comisión investigadora sobre todo este desorden privatizador, llevado a la brava, con torpeza y subestimación del sistema legal y el respeto a la ciudadanía, agudizó la pregunta de ¿por qué tanto silencio, complacencia y vista gorda?

Estas no son pifias de cien días, sino de más de cuatro años. Es el resultado de una manera de gobernar que tiene que acabarse, en la que se confunde la república con un barco y al presidente con un capitán. Limón, los sindicatos, los puertos, las concesiones y la modernización, se ven retrasadas hoy no por la sentencia de la Sala IV que anuló, como debía, todo lo mal actuado, sino por obra de la torpeza e ineptitud de quienes quisieron acabar, mediante burdas maniobras, el escollo sindical que se les oponía. Sencillamente, esos polvos trajeron estos lodos.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 29 de agosto de 2010.

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22 de agosto de 2010

¿Por qué costará tanto que el Gobierno actúe, impidiendo los abusos y revisando sus causas? ¿Será por indiferencia? ¿Pereza burocrática? ¿Evasión de responsabilidades? ¿Complicidad o corrupción? Son tantos los casos, las justificaciones y las mentiras, que es imposible no exigir rectificaciones.

Es tan grave la situación que, sin tintes partidarios, un grupo muy distintiguido de ciudadanos –entre ellos el Ingeniero Rodolfo Méndez Mata y el exdiputado Mario Quirós– ha salido a denunciar hechos de la máxima gravedad, todos ocurridos con motivo de una concesión.

Las cifras son tan altas, que sencillamente no pueden ignorarse más y merecen la atención inmediata de toda persona decente y, en primer lugar, de los medios de prensa. Estos, especialmente los que no se tragan las simplistas e invariablemente justificativas explicaciones oficiales, deberían adentrarse en esos hechos y esclarecer sin vacilaciones el saqueo de las arcas públicas.

Aunque Costa Rica parece ser hoy un país de multimillonarios, sobre todo si atendemos al caso de las explicaciones de algunos alcaldes sobre su riqueza en colones y dólares (expuesto por Greivin Moya en Canal 7), aun así, la denuncia de este grupo de ciudadanos, sobre pagos por concesiones que los especialistas califican como mal hechas, rebasa todos los límites.

La promulgación de la ley de concesiones (en otras circunstancias, conveniente), se ha convertido en una cesión de soberanía y en un sojuzgamiento denigrante a la ciudadanía.

Y pruebas al canto. No actúan como concesionarios, sino como amos del territorio. Tanto así, que costó múltiples humillaciones que se permitiera el paso, sin cobro de peaje, a los bomberos, las ambulancias y las radiopatrullas, aunque no a los policías municipales.

No solo se le entregó al país una carretera mal construida y peligrosa, sino que un día sí y otro también, obligan a los usuarios a devolverse porque el paso está interrumpido. Y, no obstante, ser esto responsabilidad exclusiva de la empresa, sin embargo les imponen pagar otra vez el peaje.

Ruta San José-Caldera.

Pero no es solo la carretera a Caldera la defectuosa, sino también la que comunica a Hatillo con Sabana Sur y, lo peor, la que conectará con San Ramón. A pesar de hechos tan obvios, nuestros gobernantes callan, justifican, permiten y hacen la vista gorda. Por ello es hora de exigir una seria investigación legislativa, la revisión de la ley, una amplia auditoría contralora de lo que está pasando y la intervención atenta de la Defensoría de los Habitantes.

¿O es que ya nos domesticaron tanto y nos acostumbramos a la inacabable platina y a las mentiras que la han acompañado, y que en este “siglo XXI cambalache”, el nombre de los espejitos que se cambian por oro es concesiones?

Publicado en La Nación de Costa Rica el 22 de agosto de 2010.

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15 de agosto de 2010

Hizo bien la Sala IV en frenar la argucia de un referéndum para subordinar los derechos humanos de la minoría homosexual y lésbica a la intolerancia de una mayoría. El respeto efectivo a los derechos de las minorías, que tanto ha costado en luchas y vidas humanas, especialmente en el siglo XX, no puede depender de mayorías volubles sujetas a todo tipo de prejuicios.

Es fácil ser demócrata cuando se es parte de la mayoría. Lo difícil es serlo cuando el respeto, la tolerancia y la interlocución, es hacia una minoría con la cual se tienen profundas diferencias. Por eso, en una democracia, no basta tener la mayoría para hacer lo que a esta le viene en gana. Por el contrario, se supone un respeto verdadero y efectivo a los derechos y opiniones de las minorías, tal y como nos enseñaron los viejos liberales.

Aun hoy, en África y algunos países del Medio Oriente, la condición de cristiano o de judío es igual o peor que la de los homosexuales, porque una mayoría los considera infieles, blasfemos e indignos de tener los mismos derechos que la mayoría musulmana. A esta, un fanatismo igual pero de signo contrario, de los Reyes Católicos, la expulsó de España junto con los judíos. Y hace unas décadas, en Little Rock, Arkansas, una mayoría vociferante, con apoyo policial, trataba de impedirle a una niña negra su ingreso a una escuela de blancos.

Little Rock, 1959. Manifestación frente al Capitolio estatal., protestando contra el ingreso de estudiantes afroestadounidenses en el colegio local. Los manifestantes llevaban banderas de los EE.UU y pancartas con consignas tales como "La mezcla racial es comunismo" y "Paren la marcha de mezcla racial del Anti-Cristo".

Las tristemente famosas “Leyes de Nuremberg”, con el respaldo de una notoria mayoría, condenaron a los hornos a los judíos, personas con discapacidad, gitanos, rusos, etc., por pertenecer a “razas inferiores”, supuestamente carentes por ello de todo derecho. Aquí en Costa Rica, fue gracias a los viejos liberales por lo que los extranjeros protestantes y los muertos por un duelo o por suicidio, pudieron ser enterrados debidamente. Y es que librados a su poder, la mayoría y sus prejuicios, quisieran prolongar la discriminación hasta el postmortem de las minorías.

No. Los derechos humanos son demasiado importantes para dejarlos librados a los prejuicios de quienes, ayer no más, rechazaban el divorcio, encarcelaban a las adúlteras y les quitaban sus hijos, desterraban a las madres solteras y hoy envían al infierno a los homosexuales. Bien se ha escrito que la peor tiranía es la de la mayoría.

Hoy es Día de las Madres. Elevo mi pensamiento a todas ellas, en especial a la mía, víctima también de persecuciones y discriminaciones inicuas. La extiendo también a las anónimas, a las que murieron en los crematorios nazis, o cayeron desnudas abrazando a sus hijos en la tumbas colectivas donde las fusilaban; las recuerdo hoy, porque, con el sacrificio de sus vidas, probaron que, en el respeto a los derechos humanos, no hay lugar para los Torquemadas ni para los tibios.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 15 de agosto de 2010.

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8 de agosto de 2010

Sería imperdonable no interrelacionar varias informaciones publicadas por La Nación el viernes pasado: el atraque de un buque de guerra en Limón y el desembarco de mil setecientos marinos que –además de obras humanitarias junto con el Ministerio de Seguridad Pública y Gobernación–, “planea llevar a cabo un intercambio sobre el tema entre las fuerzas de seguridad de Costa Rica y los Marines de los Estados Unidos” (RR.EE). Esto, en el contexto de un “barrido con personal de la Unidad de Montaña en Talamanca, para desterrar estos invasores” (ministro Tijerino), pues hay “zonas de Costa Rica que han cedido su soberanía” (presidenta Chinchilla).

Estas declaraciones muestran la fragilidad, la exageración y el error del diagnóstico con que se trabaja. Fuera de otros aspectos negativos, propios del paso de soldados –de la nacionalidad que sea– por tierras extranjeras, creer que un militar puede enseñar técnicas y tácticas policiales de cualquier clase, es no tener la más remota idea de lo que es la naturaleza de uno y de las otras. El militar, y el marino en particular, tiene una función central: lograr el objetivo y eliminar al enemigo, es decir: anularlo o matarlo .

Un distinguido general norteamericano que vino al Instituto de Derechos Humanos, explicaba cómo ellos llegaron a la conclusión de que una de las causas de lo ocurrido en Tien An Men, fue que el Gobierno chino envió al Ejército y no a la Policía. Recibida la orden de acabar con la resistencia… pues la acabaron. La filosofía policial en un país democrático es otra, excepto que estemos regresando, so pretexto del narco, a los tiempos de la Guerra Fría, cuando se disfrazaba la contrainsurgencia de entrenamiento policial (Fort Gullick, Escuela de las Américas, etc.). Sus resultados son bien conocidos.

Eso de narcoguerrilla en Talamanca es tan tirado del pelo que obliga a preguntarse de qué se trata realmente. Porque ¿una guerrilla sin población? ¿Agua sin peces? ¿Justificación de brutalidad y represión indiscriminada e impune? Ya en el pasado una patrulla de la Guardia Civil, diz que antinarco, violó a una indígena, colgó de un árbol a dos aborígenes, los torturó y finalmente los mató. Si la escasa población, toda localizada, ayuda; si es gente extraña en la zona; y si lo que producen es marihuana –de muy inferior calidad a la producida en California y México–, acabar con esos extraños no requiere tanto aspaviento y no es cosa de otro mundo.

Aunque quizá sí lo sea la credulidad de los ticos, que ahora en vez del “Coco” son acostados con el miedo al narco, mientras poco a poco les crean una Guardia Nacional y les militarizan al país. Mientras tanto, en México, donde la cosa es muy seria, todos los partidos (salvo el de Gobierno) repudian esa política que se quiere imponer aquí y que obviamente ha ido fracasando en todas partes, incluyendo los mismos EE. UU.

Nave de asalto "Iwo Jima".

Publicado en La Nación de Costa Rica el 8 de agosto de 2010.

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1º de agosto de 2010

Lapa Ara ambiguus (Lapa verde). Ave que habita en las copas de los árboles de almendro de los bosques tropicales de Costa Rica.

Al gerente de relaciones corporativas de Industrias Infinito, le debe haber ocurrido, con la histórica pifia del primer vicepresidente Piva, lo que le pasó a un cliente de mi padre, hace muchísimos años, cuando vendió su finca a la orilla de la playa. Él pedía un millón, mientras que los compradores –un par de gringos–, exigían una rebaja. Finalmente, aceptaron y le pagaron lo que pedía. Solo que el cheque era por un millón de dólares y no de colones, como creía don Víctor, que, de la impresión, no podía firmar.

El periodista Alvaro Murillo describe jugosamente, en La Nación del 27 de julio, la reacción del gerente, Juan Carlos Obando, cuando supo que el Gobierno, a través de don Alfio, estimaba en $1.700 millones la posible indemnización a pagar, en caso de cierre de Las Crucitas.

Bajo el impacto de semejante regalo, la primera reacción de Obando fue honrada y sincera: “afirmó que era una cifra muy alta”, con lo que se dice todo. Luego, ya medio repuesto del susto, “dijo que los cálculos de la firma se acercaban a esa estimación”. Se le salió el vivo. Y ya “Avivato” del todo, “al final aseguró que su empresa maneja $1.800 millones como posible indemnización…”. Si lo dejan, la sube a $3.000 millones. “No me den, pónganme donde hay”, decía Cantinflas.

Crucitas evidencia la endeblez del Estado de derecho y la falta de columna vertebral de nuestros gobernantes. Primero, porque –como se ha venido a comprobar luego y ahora lo reconoce la tal Comisión–, los daños de la mina son graves, objetivos y hasta peligrosos. Sin embargo, tanto el anterior Gobierno como el actual, no han vacilado en mantenerle la declaratoria de interés público y de beneficio nacional. Segundo, porque con tal conducta ni hay firmeza, ni honestidad política; y en cuanto al anterior Gobierno, es un nuevo ejemplo de doblez ética –dijo una cosa e hizo otra– y cantó loas a la naturaleza en el exterior, mientras en el interior mutilaba la riqueza ecológica.

La actuación del Vicepresidente, entregando gratis a Costa Rica a la empresa minera, es una ignominia. Pese a reconocer el daño ecológico que conlleva, sin discusión ni análisis del informe de la Comisión nombrada (¿quiénes la integran, qué estudios avalan su dicho y cuáles han sido sus cálculos concretos y sobre qué base?), reconoció de buenas a primeras, dizque manos arriba, una gigantesca indemnización con la que ni la misma empresa soñaba. En una frase, nuestro representante (por lo demás excelente persona), sin consultarlo siquiera con el Ministro y con la Presidenta, entregó los intereses del país. Con defensores así, para qué enemigos.

Por una pifia mucho menor, en Inglaterra y Francia ya lo habrían devuelto al INBio, a cuidar ovejas y no repúblicas.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 1º de agosto de 2010.

Mina a cielo abierto.

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25 de julio de 2010

El mundo sigue cambiando a una velocidad sin precedentes. Esto exige para países pequeños como el nuestro, visiones estratégicas globales y regionales más informadas y perspicaces que nunca. No se trata de buscar puestos y aplausos irrelevantes, sino de gestar políticas bien fundadas y alianzas de peso, que ayuden al país en tiempos críticos que se pueden acelerar en cualquier momento. Sin embargo, no es esa la visión del Gobierno y, quizá por ello, se establece un claro y peligroso desequilibro entre la importante lucha contra el calentamiento global y las tareas más realistas e inmediatas de nuestro entorno geopolítico.

En lo personal, creo que, aunque el calentamiento es una cuestión de primer orden, que nos afecta a todos y debemos enfrentar en la medida de nuestra capacidad, no tenemos ahora el peso, ni los medios y solo quizá una fuerza simbólica, para influir en ello y convertirlo en nuestra prioridad, como se ha declarado. En tanto, subordinamos, a corto y mediano plazo, el roce con Nicaragua por el dragado del San Juan; la pobreza, la desigualdad, y la crisis de los Estados en el istmo; las crecientes tensiones en la cuenca del Caribe con Cuba, Venezuela y Colombia; las evidentes falencias estatales y políticas del caso mexicano y los magros resultados –si es que son tales– de la guerra y la militarización contra la droga; en fin, los problemas, viejos y nuevos de un continente entero que sigue dando tumbos, sin hallar un nuevo camino de desarrollo.

Tampoco nuestra política exterior debe oscilar, como lo hace, entre una estrategia centroamericana que se autoagota en un círculo vicioso, y una política a muy largo plazo, de alcance mundial, con países del G-8 incluidos, en que, si acaso, se alcanza un peso simbólico.

Hoy, en vez de ocuparnos de aquello en lo que sí podemos influir y nos afecta directamente, se retorna a RREE como botín electoral; se cometen yerros a granel y se pretende ignorar qué ocurre en la “realpolitik” nica, cómo México deviene un Estado fallido y cómo crece el conflicto de poderes en el Caribe.

Al parecer, ya una vez la realidad se nos impuso, sobre eso de creernos –como escribió alguien allá por 1828– que “el mundo entero se paraliza a vernos” (el patriota, evidentemente, se refería a nuestra independencia, no al calentamiento global). Se cuenta, también, que en la Conferencia de Versalles presidiendo la reunión Clemençeau, el premier francés, el embajador tico pidió la palabra para hacer un florido discurso sobre la paz, la bondad y la hermandad. En aquella intensa lucha de poder, el Tigre Clemençeau no soportó la desubicación tica e, interrumpiéndolo, le dijo: “Señor: siéntese y cállese”.

Clemenceau presenta el Tratado de Versalles a la delegación alemana (1919).

27 de mayo de 1919. Primer Ministro David Lloyd George (Gran Bretaña); Premier Vittorio Orlando, Italia; Premier francés Georges Clemenceau; Presidente Woodrow Wilson (EE.UU.). Foto instantánea tomada por Edward N. Jackson.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 25 de julio de 2010.

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18 de julio de 2010

Según informó La Nación (15-7-10), el Gobierno declaró que espera que China le financie desde puentes, carreteras y la Escuela de Policía, hasta las redes de cuido. Aunque estas, ofrecidas en campaña junto con “el tema” de seguridad ciudadana, no han pasado de ser una proclama de buenos deseos, pues proyectos concretos, a estas alturas, no existen y se desconocen sus alcances, medios y sus costos. Si me equivoco y están listos, por favor que me envíen una copia.

Lo raro es que, siendo China una fuente de financiación, el tratamiento que ha recibido desde la llegada de este nuevo Gobierno haya sido de tan escasa pericia diplomática y tan errática orientación política. Sin necesidad y desde lo alto, se alentó el escándalo de las visas y el supuesto impago de impuestos por materiales de construcción reutilizados; de lo cual todo quedó en nada. Parecía irse, si no a un rompimiento, al menos a un agudo enfriamiento de la relación.

Un incidente diplomático como la eventual descortesía de un funcionario de tercer orden en el escalafón diplomático chino, hacia nuestro Embajador, jamás debió tratarse como se le trató, casi al estilo “sucesero” de la prensa diaria. Airear públicamente un incidente de tan pequeño calibre entre Estados y Gobiernos (por un monto de $120), después de bonos, estadio y refinería, es un mal síntoma. Razonablemente, haría pensar que están cuestionadas la solidez de los vínculos y las correctas intenciones políticas de quien así se presta al escándalo y lo alimenta. Porque o bien el Gobierno es falto de seriedad, responsabilidad y tacto, que sería lo de menos; o bien hay cálculos políticos no declarados, de los que el incidente sería solo un pretexto para lograrlos.

Y no se venga con que es muy fina nuestra epidermis y tenemos una sensibilidad a flor de piel. El país ha sabido disimular en el pasado situaciones peores. Bastaría recordar lo sucedido en los gobiernos de don Pepe Figueres, Rodrigo Carazo y Óscar Arias, para saber que la materia diplomática es todo un ballet político.

A mi no me asusta una susceptibilidad patriótica que reclame, aun destempladamente, el honor u orgullo nacional heridos. Por el contrario, me alegraría. Sobre todo hoy, cuando vivimos en una época en que no son pocos los que le dan vida a la frase de Jalil Jibrán: “los animales con columna vertebral más débil, son los que tienen las caparazones más gruesas”.

Pero sí me sorprende que este desatino ocurra justo cuando la Presidenta y su ministro de Exteriores extienden de nuevo la mano pidiendo ayuda a quienes no han sabido tratar con el refinamiento y respeto diplomáticos debidos. Me pregunto: ¿será simple ineptitud, o es que son tan largos los palillos de Taiwán, como para estar revolviendo este arroz con mango?

Publicado en La Nación de Costa Rica el 18 de julio de 2010.

Maqueta oficial del nuevo Estadio Nacional.

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11 de julio de 2010

La comparecencia del ministro de Seguridad a la Asamblea, más que útil para esclarecer el enredo legal de fondo y forma sobre el Convenio de Colaboración entre Costa Rica y los EE. UU., sirvió para dar a conocer el cuadro surrealista sobre la inseguridad ciudadana (vea La Nación del 8 de julio).

Dijo: “Tenemos capacidad apenas de poner en la calle simultáneamente menos de 4.000 policías”. “El país tiene más de 13.000 policías, pero menos de 12.000 se dedican de verdad a funciones policiales, de los cuales unos 1.000 están incapacitados y nunca, por tanto, hay más de 3.900 funcionarios protegiendo a la gente en cada uno de los turnos de ocho horas. Al ser más de cuatro millones de pobladores del país, la proporción queda en más de mil personas por cada agente policial”.

Más adelante: “Para peores, es muy probable que ese funcionario esté mal capacitado, que su delegación esté en ruinas y que carezca de un buen carro para perseguir delincuentes”. A lo cual se suma “la preocupación por la falta de disciplina en la Policía, en parte porque muchos superiores se abstienen de aplicarla para no meterse en entuertos legales. Y olvidaba algo: un arsenal nacional albergado en una situación altamente peligrosa… que podría causar una tragedia”. Su conclusión: “No se si estamos perdiendo la batalla”.

Es imposible no preguntarse: ¿y qué pasó con el paraíso televisivo de la anterior Ministra? ¿No era que se le estaba ganando al narco y a la delincuencia, gracias a planes como el de las Mil y una Noches, digo: los cien días del Plan Limón? ¿Y no era que la Escuela de Policía era una maravilla? ¿Qué pasó en estos tres meses en que caímos del cielo al infierno? O no se dijo la verdad antes, o no se nos dice ahora. Pero en cualquier caso los ministros, pueden decir, como aquel chusco, “estamos jodidos todos ustedes”.

La otra cuestión es gravísima: con esas condiciones comatosas de nuestra Policía, ¿quién podrá garantizarle a la ciudadanía una defensa eficaz, ya no de valores como la libertad, la tranquilidad y la paz, sino de derechos vitales y básicos como el de no ser asaltada, vapuleada, asesinada o violada en sus hogares o sitios de trabajo? ¿Cómo puede un ciudadano confiarse en la seguridad pública, si sabe que el Estado no podrá ampararlo? Porque las prohibiciones establecidas solo alcanzan a los ciudadanos dentro de la ley, no al delincuente que adquiere sus armas en el mercado negro, no le conviene inscribirlas y menos sacar permiso de portación.

De allí que no extrañe que los miles de costarricenses que tienen armas inscritas legalmente y se ven obligados a portarlas, estén dispuestos a decir, parodiando a aquel campesino de Aquileo J. Echeverría: “a mí pídanme la vida, pero mi arma… ¡mirala!”.

Casetilla policial de Barrio Cristo Rey.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 11 de julio de 2010

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4 de julio de 2010

Avión AV-8B Harrier.

¿Para combatir al narco en Infiernillos de Alajuela o en La Carpio?

La Asamblea Legislativa, con las honrosísimas excepciones de quienes se salieron del plenario, autorizó el ingreso al territorio nacional de naves de guerra y miles de soldados, para baldón imborrable en la historia patria.

El Convenio entre Costa Rica y EE. UU. (según una interpretación inequívoca de la Sala IV), se refiere exclusivamente al patrullaje conjunto con el Servicio de Guardacostas norteamericano, para combatir el narco y con exclusión explícita de toda fuerza militar. Burlando el Convenio y la resolución mandatoria de la Sala, la Asamblea aprobó un permiso diz que dentro del convenio, para el ingreso, estadía, inmunidad y absoluta libertad de acción en mares y territorio nacional, de siete mil marines, 46 buques de guerra, 200 helicópteros artillados y varios aviones modernos de combate. Entre ellos: el USS KEARSARGE (LHD-3): tripulación 104 oficiales, 1004 enlistados; otra embarcación artillada, con 42 helicópteros CH-46, varios aviones AV-8B Harrier y 6 helicópteros HH-60 Blackhawks de combate aeroterrestre; USS MAKIN ISLAND: tripulación 102 oficiales, 1449 enlistados, debidamente artillada y 42 helicópteros CH-46, 5 aviones AV-8B Harrier y 6 helicópteros HH-60 Blackhawks; USS IWO JIMA (LHD-7): tripulación 73 oficiales, 1109 enlistados, artillada, con helicópteros CH-46 y 6 helicópteros HH-60 Blackhawks, todos probados en la Guerra del Golfo y otras.

El permiso solicitado por la Embajada a través del Ministerio de Seguridad Pública, sin traducción oficial alguna, condicionó además que “sus oficiales y soldados puedan hacer lo que juzguen necesario en territorio nacional para el cumplimiento de su misión” (jurídicamente indefinida), “sin que se les pueda reclamar por los daños o perjuicios que puedan causar”. Esto incluye a terceros, que de tener algún reclamo, quedan sujetos a la jurisdicción y los tribunales militares y civiles de los EE. UU.

Bastó, pues, solo una “cartita” del Embajador de EE. UU, sin siquiera traducción oficial (¿nulidad del acto?), para que la Asamblea dejara sin valor ni efecto en todo el territorio nacional el principio constitucional de igualdad entre nacionales y extranjeros, las leyes civiles, administrativas, ambientales y de organización y competencia de los tribunales que nos rigen a los demás; y autorizó la instalación de fuerzas militares en el territorio nacional; ¿por cuánto tiempo? No se sabe.

¿Es válido un atropello tan descastado como atroz?

Publicado en La Nación de Costa Rica el 4 de julio de 2010.

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27 de junio de 2010

La actual discusión política me recuerda una vieja canción: “Tongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le dio a Burundanga, le jincha los pies”. Los conflictos políticos actuales han sido creados y alimentados desde el interior de la clase dirigente, sin mediar ningún interés nacional. Lo que ha contado son solo intereses personales.

El espectáculo tragicómico de las inauguraciones de obras sin terminar o inexistentes, se correspondió con la idea de que doña Laura solo se encargaría, según don Óscar, de “administrar su gran obra”. Pero este fin de la historia fue distinto, porque pronto saltaron las fallas ocultas del paraíso arista, comenzando por la situación fiscal. Doña Laura, obligada a cubrir las espaldas del anterior Gobierno, ha tenido que guardar un silencio que le está saliendo muy caro.

Vino luego la pifia presidencial en los nombramientos ministeriales frustrados y el sainete diplomático con la ONU y Holanda, hora en que despertaron los puñales dormidos. A punto y seguido, saltó “el tema” de los aumentos a los diputados, cuando la Presidenta prometió, dijo que sí, luego tal vez y, finalmente, no. Afloraron entonces los resentimientos, las contradicciones, los roces de la fracción oficial con el Ejecutivo y las otras fracciones aliadas.

En este desorden don Rodrigo Arias, como Cid Campeador, dijo “quítense que voy” y aseguró que con él se restablecerían las buenas relaciones entre el Ejecutivo y la Asamblea. Casa Presidencial lo desmintió diciendo que fue Arias quien solicitó la entrevista y no al revés. Don Rodrigo insiste en lo contrario. Y doña Laura, pésimo síntoma, se niega en redondo a aclarar el punto.

Don Rodrigo, en semejante avispero, dio declaraciones aquí y allá diciendo que las relaciones con los diputados estaban dañadas por “la falta de tacto, de olfato político y de habilidad del Poder Ejecutivo”. Fue cuando la Presidenta y su Ministro lo acusaron de falta de nobleza, de lealtad y de querer usar al gobierno para su plataforma electoral. Pese a las aclaraciones de don Rodrigo, el conflicto siguió y ahora aparece un diputado liberacionista que, apoyando al nuevo Cid, revive el resentimiento diputadil y deja entrever que sin el Cid, el Ejecutivo no las tendrá fácil en la Asamblea.

En todo esto ¿dónde está el interés de Costa Rica? ¿Qué importancia tienen estas escaramuzas partidistas prematuras para nuestro pueblo? El país está hastiado de que sus problemas reales nadie los atienda y menos los resuelva. Pero , lloviendo sobre mojado, ahora los diputados quieren y obtienen vacaciones de medio período.

Quede el poder aquí o allá, cierto es que el actuar de la clase dirigente se ha visto, más y más, como Tongo, Borondongo y Bernabé.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 27 de junio de 2010.

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