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30 de mayo de 2010

El fallido intento de los diputados de duplicarse su sueldo, debería mostrarle a la ciudadanía que sí es posible frenar el abuso del poder, controlar los actos de quienes transitoriamente lo ejercen y crear poderosas corrientes de opinión, capaces de sancionar políticamente a quienes intentan despropósitos como el que hemos visto.

Fue la ciudadanía movilizada la que frenó este atropello. Nadie más. La Presidenta –como lo recordó el periodista Carlos A. Villalobos, de La Nación– le dio, junto a su ministro de la Presidencia, Marco Vargas,el primer impulso al proyecto el lunes 10 de mayo directamente en la Casa Presidencial de Zapote. Allí, en nombre del Poder Ejecutivo, ambos apoyaron el malhadado aumento. Fue con ese visto bueno de Casa Presidencial que la diputada Viviana Martín embaucó con sonrisas a las otras fracciones –bien deseosas de embarcarse–, las hundió en la ignominia y se convirtió en la contadora de cuentos estrella del país.

Como la resistencia cívica crecía, aunque sin mellar todavía la prepotencia de estos políticos, se intentó burlarla poniendo la engañosa condición de que debía indicarse de dónde se tomarían los miles de millones del aumento, que ya no eran los que decía doña Viviana, sino más de tres mil, contando la pensión de los expresidentes. Se inventaron entonces unos ahorros de película, que demostraban, o bien el desperdicio en viajes, licores y comidas; o bien la irresponsabilidad política, pues se rebajaban los gastos de mantenimiento del edificio, cuando hasta hace poco lloraban y clamaban por construir uno nuevo. Por la boca muere el pez.

Hasta ese momento no se había hablado en absoluto de veto. Pero cuando el diputado Zúñiga no se pudo tragar la Piedra de Aserrí que le recetaban; cuando el repudio era total; y cuando se previó casi inevitable que la Sala IV declarara inconstitucional el proyecto, fue entonces, y solo entonces, que la Presidenta habló de veto. Pero no antes.

Invocó una notoria sinrazón: que el proyecto implicaba un aumento de pensión para ella. Pero con eso no solo se declaró incapaz de ponerle el Ejecútese a cualquier ley que aumente el salario de los diputados, sino que también inhabilitó a todos los futuros presidentes para hacerlo. Hágame el favor.

Para muchas personas este supuesto “veto” (que no es tal, porque el proyecto no ha sido aprobado en segundo debate), es digno de festejo. En buena hora. Pero la verdad debe ser dicha: el único veto verdadero, válido y eficaz que aquí se dio fue el de la ciudadanía, movilizada por las redes sociales, la prensa y la calle.

Un pueblo de pie, no aborregado y sumiso, mostró que sí puede hacer oír su voz y rescatar los principales mecanismos de la democracia representativa.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 30 de mayo de 2010.

Análisis de coyuntura

Religión y política: una ruta peligrosa

Cuando algo ha funcionado bien, mejor no cambiarlo. Y aquí, desde que se terminó la mezcla explosiva entre Estado e iglesia, política y religión (que agrió la vida nacional), las relaciones en la vida social fueron mucho más fluidas, tranquilas y hasta altamente positivas.

Lic. Ricardo Jiménez Oreamuno

Herencia liberal e histeria clerical

Quizá una de las mejores herencias liberales, sobre todo la de don Ricardo (cuya genial obra El Colegio de Cartago, debería ser lectura obligatoria hoy día), fue la de mantener y fortalecer ese equilibrio, sin concesiones a los intentos de introducir por la ventana lo que había sido sacado por la puerta.

No obstante, incontables son los momentos en que la rueda de la historia se intentó echar atrás, como ocurrió con la histeria clerical herediana contra la enseñanza de “las teorías del mono” de Darwin, que se extendió como la pólvora a otras ciudadades, infectando con su intolerancia, ignorancia y mala fe, los esfuerzos por modernizar la enseñanza de la biología y la historia. No menos grave fue la denuncia fallida hecha por Monseñor Odio, en el sentido de que la propagación de las “sectas protestantes” en América Latina, eran una forma más de la penetración comunista en el continente.

En Costa Rica la Iglesia jamás ha estado silenciada. Cuando algo así se insinúa, la realidad es que se está reclamando contra el no silenciamiento de sus críticos y adversarios.

Iglesia y política

En todas las campañas electorales la Iglesia, como tal, ha jugado su papel y hasta bien claro en favor de unos y en contra de otros. No por nada a un ilustre prelado se le asociaba directamente con Daniel Oduber y el PLN; y fueron innumerables las veces en que, en el clima de la Guerra Fría, públicamente se condenó a varios partidos por ser sospechosos de comunistas o socialistas.  Sin embargo, debe reconocerse que, incluso en el sórdido ambiente de esa guerra fría, la iglesia costarricense actuó con cierta prudencia y comedimiento, sin alimentar intolerancias como las que sí buscó engordar el padre Minor y que hoy, lamentablemente, empieza a impulsar Monseñor Ulloa.

Desde luego, la histeria fanática se da en todas partes. Pero la religiosa es avasalladora y destructiva al extremo, porque se nutre no solo de la ignorancia y miedo de las buenas gentes, sino que arrastra a su hoguera incluso a intelectuales y personas de gran valía y excelente formación académica. Algunos de estos, cuando se robaron a la Virgen de los Ángeles, no dudaron en acusar a Manuel Mora de ser el ladrón y empezaron a atojar a la gente para que se vinieran a cobrárselo a su casa en San José. Dichosamente, la Virgen apareció antes de que se consumara la fanática infamia.

Escasean los ángeles

San Miguel Arcángel, "Príncipe de la Milicia Celestial".

Es natural que con los mecanismos psicológicos que subyacen en el hecho religioso, el fanatismo encuentre el terreno más fértil para crecer y la pasión ciega el mejor clima para manifestarse. No por nada los medios e instrumentos con que cuentan la religión y el clero para manipular al creyente son insuperables. Se trata, nada menos, que de la vida eterna, las llaves del Reino y el fuego eterno y líquido del infierno.

En la época colonial, a quienes no tenían un título nobiliario para ocupar puestos y asegurarse así unas buenas rentas, solo les quedaban dos caminos para salir del anonimato y la miseria: la Iglesia o el Ejército. Hoy se supone que su integración vocacional ha mejorado, aunque ha disminuido porque cada vez menos jóvenes quieren ser sacerdotes. Pero esto no niega el hecho incontestable de que, como en el caso de la pederastia, el clero sigue compuesto por seres humanos entre los que hay toda clase de fortalezas y debilidades, que es imposible ignorar atribuyéndoles acríticamente, una condición angelical que nadie tiene en el planeta.

Este hecho, de que en la realidad concreta, sus miembros sean seres humanos con todas las debilidades, intereses personales, tentaciones y faltas conocidos; y que ante los creyentes los sacerdotes tengan una relación privilegiada con Dios, el perdón de los pecados, el bautismo y los Santos Óleos, hace de ellos miembros especiales de la comunidad que no deben participar en la política electoral, porque de entrada convierten en rebaño –por algo se llaman a sí mismos pastores- a un electorado que debe ser crítico, independiente y centrado en los problemas básicos de la comunidad.

Subordinados al Vaticano

El Vaticano

Además, en el caso de la Iglesia Católica hay un factor político adicional. Jerárquica y disciplinariamente sus miembros están subordinados al Papa de Roma, un jefe de Estado independiente, que en tiempos idos tuvo tropas e impuso su poder a sangre, fuego y cuchillo. Las órdenes que del Vaticano emanen, en un sentido o en otro, deben ser acatadas disciplinadamente por todo el clero católico, sin espacio a rebeldía alguna.

Ya en el pasado hubo la experiencia de que, en atención a las necesidades vaticanas, se organizaron y disolvieron partidos “católicos” y se chalaneó con feroces dictaduras. Son indicadores de esta dimensión política y estatal única del clero en sí: Austria y Alemania en tiempos de Hitler; Italia bajo Mussolinni; y España bajo Franco (para no mencionar a los curas que echaban agua bendita sobre los jóvenes que los militares argentinos iban a lanzar a las heladas aguas del Antártico). Por eso es que hay cargos en la estructura del Estado –Presidente, Magistrados, etc.- que, para ejercerlos, se exige ser del estado seglar, es decir, no ser sacerdote. Es este un aspecto también decisivo a tomar en cuenta para que, con todo lo anterior, no se permita que se derogue la prohibición constitucional de hacer propaganda política invocando motivos de religión.

Nuncio del Vaticano, Gaetano Cicognani, con el General Franco, quien contó con el apoyo entusiasta de la Iglesia Católca.

Norma es para todos

Es importante recordar que la norma constitucional que se le aplicó a Monseñor Ulloa por el TSE, incluye también a los seglares y no solo a los sacerdotes. Es para todos y no implica, en absoluto, un problema de libertad de expresión. El hecho de que hasta ahora haya habido una notoria e inexcusable lenidad por parte del TSE en aplicárselo a los partidos llamados cristianos, no quita un ápice a la bondad de la prohibición. No solo no hay que quitarla, sino hay que extenderla a los pastores protestantes y aplicársela efectivamente a todos por igual.

Que la prohibición debe aplicarse a los pastores de otros credos, contrariamente a lo que sostienen ciertos liberales de camándula y agua bendita -¿dónde estais Castro Madriz y Ricardo Jiménez?-, nos lo evidencian los Zacarías sexuales y financieros, tan atraídos por el sexo y la avidez por el dinero, que ha mostrado hasta dónde puede llegar la hipocresía y el engaño de estos televangelistas milagreros y de chequera. Nadie les niega su derecho a buscar hacer dinero. Pero que no lo hagan invocando versículos de la Biblia ni fabricando milagros de ocasión, para admiración de bobos.

Manejos oscuros

Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano.

Por lo demás, nada de esto es muy distinto a aquellos sacerdotes que han resultado abusadores de niños (dejad que los niños vengan a mi; y el que hiciere daño a un niño…) y desde luego de la fe de sus padres, que confiaron en esos sacerdotes como supuestos representantes de Dios en la Tierra. Tampoco se quedan atrás los manejos del más alto clero en el Banco Ambrosiano, donde resultó “suicidado”, en el arco de un puente en la ciudad de Londres, el muy piadoso signore Roberto Calvi; en tanto el Arzobispo Paul. C. Marcinkus, más conocido como “el banquero de Dios”, y su colega en maniobras financieras y asuntos de dineros perdidos de la mafia, eludía la justicia italiana autoexiliándose bajo la protección y el alero de la Ciudad Santa. Y dejo a SAMA por fuera, porque aún no se ha aclarado plenamente de qué se trató realmente la operación.

Edificio del Banco Ambrosiano.

Fanatismo religioso y político no deben unirse

Esta dimensión de vínculos estatales externos, de condición humana débil y falaz, capaz de todas las miserias y extremismos, no importa la posición que ocupemos, hace necesario, más que conveniente, dejar la prohibición Constitucional tal y como está. Acéptese el fallo del TSE e inclúyase en su aplicación a los demás pastores protestantes, si no como tales, porque la norma no lo dice, al menos como seglares a quienes sí incluye claramente la prohibición de invocar motivos religiosos para hacer propaganda polìtico-electoral. Así habrá paz y respeto para todos y evitaremos la conjunción del fanatismo religioso, al estilo que ya hemos experimentado en el tristemente famoso “tv.mainor”, con el fanatismo político que, con toda facilidad, se puede confundir con la Doce y la Ultra. De ambos, líbranos Señor.

Monseñor Víctor Manuel Sanabria

Si, por el contrario, se deja que se mezclen curas y pastores con la ya nada límpida política electoral, usando como argumentos la excomunión, el perdón de los pecados, la pérdida o el gane de la vida eterna y el Reino de Dios, adosados con citas de la Biblia y el castigo del Infierno, no hay la menor duda de que se estará retrocediendo a los peores momentos de los conflictos religiosos y al uso del poder político para dirimir querellas teológicas y no los problemas sociales y económicos de la nación.

Preguntado una vez Monseñor Sanabria adónde se ubicaba la Iglesia en el espectro político, respondió que no estaba ni a la izquierda, ni a la derecha, ni al centro, sino por encima de todo eso. Quizá pensaba, como el Nazareno, que “Mi Reino no es de este mundo”. Pero aún así y justamente por ello, contribuyó decisivamente a la reforma social y a la paz de Costa Rica.

San José, mayo del 2002