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27 de junio de 2010

La actual discusión política me recuerda una vieja canción: “Tongo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le dio a Burundanga, le jincha los pies”. Los conflictos políticos actuales han sido creados y alimentados desde el interior de la clase dirigente, sin mediar ningún interés nacional. Lo que ha contado son solo intereses personales.

El espectáculo tragicómico de las inauguraciones de obras sin terminar o inexistentes, se correspondió con la idea de que doña Laura solo se encargaría, según don Óscar, de “administrar su gran obra”. Pero este fin de la historia fue distinto, porque pronto saltaron las fallas ocultas del paraíso arista, comenzando por la situación fiscal. Doña Laura, obligada a cubrir las espaldas del anterior Gobierno, ha tenido que guardar un silencio que le está saliendo muy caro.

Vino luego la pifia presidencial en los nombramientos ministeriales frustrados y el sainete diplomático con la ONU y Holanda, hora en que despertaron los puñales dormidos. A punto y seguido, saltó “el tema” de los aumentos a los diputados, cuando la Presidenta prometió, dijo que sí, luego tal vez y, finalmente, no. Afloraron entonces los resentimientos, las contradicciones, los roces de la fracción oficial con el Ejecutivo y las otras fracciones aliadas.

En este desorden don Rodrigo Arias, como Cid Campeador, dijo “quítense que voy” y aseguró que con él se restablecerían las buenas relaciones entre el Ejecutivo y la Asamblea. Casa Presidencial lo desmintió diciendo que fue Arias quien solicitó la entrevista y no al revés. Don Rodrigo insiste en lo contrario. Y doña Laura, pésimo síntoma, se niega en redondo a aclarar el punto.

Don Rodrigo, en semejante avispero, dio declaraciones aquí y allá diciendo que las relaciones con los diputados estaban dañadas por “la falta de tacto, de olfato político y de habilidad del Poder Ejecutivo”. Fue cuando la Presidenta y su Ministro lo acusaron de falta de nobleza, de lealtad y de querer usar al gobierno para su plataforma electoral. Pese a las aclaraciones de don Rodrigo, el conflicto siguió y ahora aparece un diputado liberacionista que, apoyando al nuevo Cid, revive el resentimiento diputadil y deja entrever que sin el Cid, el Ejecutivo no las tendrá fácil en la Asamblea.

En todo esto ¿dónde está el interés de Costa Rica? ¿Qué importancia tienen estas escaramuzas partidistas prematuras para nuestro pueblo? El país está hastiado de que sus problemas reales nadie los atienda y menos los resuelva. Pero , lloviendo sobre mojado, ahora los diputados quieren y obtienen vacaciones de medio período.

Quede el poder aquí o allá, cierto es que el actuar de la clase dirigente se ha visto, más y más, como Tongo, Borondongo y Bernabé.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 27 de junio de 2010.

20 de junio de 2010

Visto su actuar político, esta Administración se está caracterizando más por sus vacilaciones que por su firmeza; y más por sus ocurrencias que por sus decisiones; un tono inclinado hacia la superficialidad farandulera light y no a una auténtica sencillez democrática.

Las consecuencias negativas inevitables se quieren resolver –a la Abel Pacheco–, acudiendo a la consejería superior del precandidato Rodrigo Arias, bajándole de rebote el piso al ministro de la Presidencia, quien si no sabe o no puede cumplir sus funciones, debería renunciar no más sea por dignidad.

Los gestos populistas –con que doña Laura buscaría mantener el favor de la gente–, es probable que dejen buena impresión en ciertos sectores, por lo menos en lo que resta de la luna de miel poselectoral, prematuramente agonizante. El abandono del debido decoro a una investidura como la de Presidente, puede ser visto por algunos como gracioso y democrático, ya sea con poses de boxeadora, con casco de la Cruz Roja, o danzando alrededor de una paella con su cónyuge en un programa de televisión.

Sin embargo, esto suscita varias cuestiones. ¿Cómo se configura, y con qué prioridades, la agenda presidencial? Con los problemas que hay, nuevos y heredados, cabría esperar un uso más útil y eficaz del tiempo. Está la huelga de residentes en siete hospitales; los reclamos por vivienda de los eternos engañados vecinos de Pavas, Hatillo, Alajuelita y Guararí; el bloqueo de transportistas hacia Panamá; el conflicto de los porteadores y las protestas de los damnificados de Cinchona; los pedidos de las universidades públicas; y, en fin, los cambios de política monetaria, cambiaria y fiscal, que se piensan adoptar por Hacienda y el Banco Central; el zigzag en las licitaciones del nuevo puerto de Moín; las decisiones de última hora con la carretera a Caldera; el estado comatoso de puentes, caminos y carreteras, en medio de amagos de huelga en el MOPT, además del secretismo en el Minaet, poniendo mordaza a la directora de Setena. ¿Y las pifias y la falta de control de daños en RREE (nombramientos en la ONU y en Holanda) y en el fallido aumento a los diputados? Y solo para agregar un simple detalle más: ¿qué se piensa hacer con la DIS?

Al no emplearse el tiempo escaso en coordinar las soluciones a los grandes problemas que acosan al país y gastarlo como si estuviéramos en campaña, se olvida que las elecciones pasaron y es la hora de ocuparse, a tiempo completo, de la real agenda nacional y no de ganar aplausos fáciles, que son tan variables como las veletas y que, cuando la masa se frustra, hace que quienes más aplaudieron sean los que más rechiflen. Es un gobierno muy “ji-ji” en momentos de “ayayay”.