Hizo bien la Sala IV en frenar la argucia de un referéndum para subordinar los derechos humanos de la minoría homosexual y lésbica a la intolerancia de una mayoría. El respeto efectivo a los derechos de las minorías, que tanto ha costado en luchas y vidas humanas, especialmente en el siglo XX, no puede depender de mayorías volubles sujetas a todo tipo de prejuicios.
Es fácil ser demócrata cuando se es parte de la mayoría. Lo difícil es serlo cuando el respeto, la tolerancia y la interlocución, es hacia una minoría con la cual se tienen profundas diferencias. Por eso, en una democracia, no basta tener la mayoría para hacer lo que a esta le viene en gana. Por el contrario, se supone un respeto verdadero y efectivo a los derechos y opiniones de las minorías, tal y como nos enseñaron los viejos liberales.
Aun hoy, en África y algunos países del Medio Oriente, la condición de cristiano o de judío es igual o peor que la de los homosexuales, porque una mayoría los considera infieles, blasfemos e indignos de tener los mismos derechos que la mayoría musulmana. A esta, un fanatismo igual pero de signo contrario, de los Reyes Católicos, la expulsó de España junto con los judíos. Y hace unas décadas, en Little Rock, Arkansas, una mayoría vociferante, con apoyo policial, trataba de impedirle a una niña negra su ingreso a una escuela de blancos.

Little Rock, 1959. Manifestación frente al Capitolio estatal., protestando contra el ingreso de estudiantes afroestadounidenses en el colegio local. Los manifestantes llevaban banderas de los EE.UU y pancartas con consignas tales como "La mezcla racial es comunismo" y "Paren la marcha de mezcla racial del Anti-Cristo".
Las tristemente famosas “Leyes de Nuremberg”, con el respaldo de una notoria mayoría, condenaron a los hornos a los judíos, personas con discapacidad, gitanos, rusos, etc., por pertenecer a “razas inferiores”, supuestamente carentes por ello de todo derecho. Aquí en Costa Rica, fue gracias a los viejos liberales por lo que los extranjeros protestantes y los muertos por un duelo o por suicidio, pudieron ser enterrados debidamente. Y es que librados a su poder, la mayoría y sus prejuicios, quisieran prolongar la discriminación hasta el postmortem de las minorías.
No. Los derechos humanos son demasiado importantes para dejarlos librados a los prejuicios de quienes, ayer no más, rechazaban el divorcio, encarcelaban a las adúlteras y les quitaban sus hijos, desterraban a las madres solteras y hoy envían al infierno a los homosexuales. Bien se ha escrito que la peor tiranía es la de la mayoría.
Hoy es Día de las Madres. Elevo mi pensamiento a todas ellas, en especial a la mía, víctima también de persecuciones y discriminaciones inicuas. La extiendo también a las anónimas, a las que murieron en los crematorios nazis, o cayeron desnudas abrazando a sus hijos en la tumbas colectivas donde las fusilaban; las recuerdo hoy, porque, con el sacrificio de sus vidas, probaron que, en el respeto a los derechos humanos, no hay lugar para los Torquemadas ni para los tibios.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 15 de agosto de 2010.
