La deliberada histeria desatada con los retenes policiales, ha servido para que descontentos de buena fe y pescadores de caña larga la emprendan contra la Sala IV. Aprovechando la delimitación hecha por la Sala sobre esa medida policial secundaria y algunas otras sentencias (que el 95% de los opinantes no ha leído completas), sectores sociales y políticos que quieren reinar y no gobernar, están tratando de amellar una de las últimas defensas ciudadanas contra este Estado de camarillas que se ha creado.
Si bien hay sentencias que no satisfacen, sobre todo cuando fortalecen el carácter cesarista, plutocrático y familista del poder político, el único refugio institucional que queda con capacidad para medio detener las arbitrariedades y abusos cotidianos contra la ciudadanía, es la Sala Constitucional. Con el anterior sistema, la aceptación de recursos de inconstitucionalidad era una proeza. El estudio bibliográfico del Lic. Fernando Guier así lo demuestra. Con frecuencia, una ínfima minoría se imponía a la mayoría de la Corte Plena, para negarle sus derechos a las personas.
La judicialización de la política es fruto de la corrupción y de la irresponsabilidad de diputados y políticos incapaces de afrontar y resolver los temas que les competen; no de la Sala IV. Incluso se ha dicho que como ciertos proyectos no tienen viabilidad en la Asamblea, entonces se va a ir a la Sala para ver si allí tienen éxito. La consulta de constitucionalidad de que se quejan tanto, no es tan mala. Se legisla tan mal y se violan tanto los procedimientos legislativos, que por suerte existe una Sala que les enmiende la plana; porque si no, ¿dónde reclamar?
Otra queja es que se retarda la tramitación. Pero la verdad es que el retraso es legislativo. Porque cuando se ordenan correcciones, es cuando las cosas se hicieron muy mal y violaban la Constitución. Si no hubiera sido que un ciudadano presentó un recurso de amparo, no existiría el referéndum. No obstante, declarado con lugar y la Asamblea obligada a legislar, entonces todos salieron a llenarse la boca sobre las maravillas de ese instrumento de democracia directa.
Cierto. Hay que hacer algunas reformas, pero sin amellar el casi único instrumento de defensa ciudadana directa que tenemos: porque las resoluciones de la Defensoría carecen de poder vinculante. De allí que haya que vacunar las reformas contra esos políticos y burócratas que esconden, desinforman y mienten; y fortalecer –no debilitar– la dimensión democrática y controladora de la Sala IV y la Contraloría. Claro que en otro ambiente, no bajo el actual, saturado de las presiones de una campaña demagógica que busca confundir a la opinión pública.

El único refugio institucional que queda, con capacidad para medio detener las arbitrariedades y abusos cotidianos contra la ciudadanía, es la Sala Constitucional.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 26 de setiembre de 2010.
