El gobierno debe hacer un alto en el camino, reorganizar su agenda, separar los problemas importantes de los urgentes, correlacionarlos con los medios económicos, financieros y humanos con que cuenta y, sobre todo, considerar con absoluto realismo el escaso tiempo que le queda para hacer obra, en especial después de que sus copartidarios precipitaron la campaña electoral.
Esa urgencia se vio en la reciente presentación del programa de desarrollo, que más bien debió ser el proyecto electoral de doña Laura y que ya no fue, pues debió presentarse antes de su elección. Pero que tampoco es un plan de gobierno creíble, ya que su realización es más que dudosa, dado que, por ejemplo, basado en un supuesto crecimiento anual del PIB de un 5% o 6%, pega de frente con los últimos datos de la Cepal y del Central.
Esto muestra falta de equipo, en un clima agravado por los conflictos electorales prematuros. Hay, además, una notoria ineptitud de algunos altos funcionarios, que requieren apoyo o sustitución. El caso del vicepresidente Piva es proverbial. Hay que explicarle dónde se encuentra, a quién representa y qué debe decir en las reuniones internacionales. Después de su barbárico “cálculo a mano alzada” sobre Crucitas, nos regala ahora su lamentable participación en Belice, donde todo indica que aceptó hasta fechas para una cita especial para dialogar con Nicaragua, sin plantear el requisito sine qua non del retiro de tropas nicas de suelo tico, antes de cualquier diálogo. Con Piva vamos, pues, de Piva en Piva, y de pifia en pifia.
Seguridad Pública tampoco se escapa. Allí abundan las contradicciones y las exageraciones. Tanto así, que ya es hora de construir nuestra propia visión, dejar de creer en muchos cuentos sobre el narco y en lo que nos dice cualquier sujeto que aparece –algunos con placa de la DEA, sin identificar su estatus real en la fuerza, la veracidad de su dicho y de sus fuentes, etc.–, que nos llenan con informaciones imprecisas, de fuentes no identificadas, alarmistas y contradictorias, que deben merecer poca o ninguna credibilidad.
Ahora las revelaciones de Wikileaks lo corroboran. Se sabe que la droga va en avionetas directo de Venezuela a Guatemala; que allí las autoridades son cómplices; y que abundan los pasos hacia México, donde nadie la detiene. Serían unos locos o tontos los capos mexicanos emigrando al Sur, cuando su primavera está en el Norte. Por eso aquí capturan distribuidores del Infiernillo y la Carpio, pero a ningún capo grande, aunque haya algunos que se persignan ante una casetilla porque nunca han visto un altar. Escudriñemos nuestra realidad y la centroamericana, y diseñemos una verdadera política de seguridad nacional.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 19 de diciembre de 2010.
