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30 de enero de 2011

La actitud prepotente y rígida de la fracción liberacionista, sobre la creación de una comisión investigadora de las responsabilidades, políticas y no judiciales, que podrían caberle a don Rodrigo Arias, al ministro Tijerino y al Fiscal General, no puede ser más lamentable ni errónea. Negarse rotundamente a aceptar el control político que exigía la oposición, no es otra cosa que ejercer un provocador derecho de veto ilegítimo y lanzar sombras sobre su protegido.

El ansia de pasar a otra cosa y olvidarse del asunto ha sido evidente. Demuestra el hecho lamentable de que don Rodrigo, en la Asamblea, no parece tener amigos políticos de valía que sepan aconsejarlo, aunque sí muchos sicofantes que, con sus aplausos incondicionales, al parecer lo inducen a error. Siendo él uno de los pocos políticos que en los últimos decenios han mostrado una gran vocación de poder, amén de habilidad y fuerza para ejercerlo, no se entiende que haya aceptado, primero, acuerparse –como si fuera un aprendiz de dictador– de diputados-guardaespaldas en el Salón de Expresidentes; y luego, irse en procesión, como si fuera un san Ramón o un Santiago (aunque sin andas, porque no las tenían a mano), con rumbo a la presidencia de la Asamblea.

Es ahora cuando se probará la clase de “oposición” parlamentaria que tenemos. Si el Libertario hizo realmente un pacto de gobernabilidad, o solo fue la tapadera para un pacto de complicidad. Y si para el PAC la seriedad al enfrentar la errónea ruta del régimen actual se disuelve en hacer discursos, dejar constancia de su desacuerdo, y seguir siendo modosito y bien portado, para sacar diez en conducta.

Los otros dos actores: el PUSC, que se ha mostrado inteligente, experimentado, hábil y acucioso (aunque siempre con la tentación de competir con el Libertario en sus chalaneos con el régimen), debiera valorar bien el rédito electoral que obtiene cuando denuncia y combate las fallas de este gobierno. El PASE, cuando ejerce verdadera oposición, logra reafirmar su identidad partidaria, que le es tan esencial en esta etapa. Sobre los partidos confesionales, lo único que cabe decir es que mejor que se pongan bien con Dios para la otra vida; porque en esta, están requemados como “cachimbalitos rezadores” bajo la sombra del Gobierno.

Este es un momento crucial para la oposición, que no debe dejarse imponer, como en otros casos, el bozal que se le ocurra al PLN. Si hay veto para el control político, lo lógico es que entonces debe haber veto para lo del gobierno. Si no hay negociación y diálogo verdaderos, y sí una política de chilillo y “ordeno y mando”, es el momento en que el tema deja de tener importancia perse y deveniene en una batalla por la República y la democracia.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 30 de enero de 2011.

23 de enero de 2011

La SIECA, con sede en Guatemala, es la encargada de hecho de administrar los proyectos más importantes de la integración regional. Lo ocurrido allí recientemente es una nueva demostración de la débil institucionalidad con que se le ha querido dar estabilidad y proyección a esa integración.

El presidente de El Salvador quería quitar a la secretaria general, quien desempeñaba bien su labor, pero cuyo estigma era haber sido designada y nombrada cuando otro partido estaba en el poder. La objeción no era por falta de capacidad ni mal desempeño de la funcionaria, tanto así que no hubo cargos en su contra.

Lo que había era el burdo propósito de nombrar a uno de sus parientes y para ello se contó con el apoyo de los otros presidentes del Istmo, y se violó toda la legislación vigente.

La justa y fundada oposición de Costa Rica, que no fue convocada al efecto; el menosprecio a la solicitud de información de Panamá, socio de gran importancia para el futuro del proyecto, que tampoco fue tomado en cuenta; y la ilegalidad sustantiva y procesal de semejante decisión, de nada sirivieron para evitar que se consumara el desaguisado.

Sencillamente, las prácticas “caseras” se trasladaron a nivel regional y la burla a la legalidad, la institucionalidad vigente y el respeto a los derechos ajenos, por un caprichito del presidente salvadoreño, se consumó con un irrespeto total hacia ambos países.

Como demostré en mi libro “La integración regional: de la decadencia a la descomposición” (EUNED), solo dos entidades medio se salvaban entonces del asalto político-partidario: la SIECA, que requería, sin embargo, una reforma y refundación total, y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), que se había modernizado. Hoy ninguno se salva. La primera, porque cayó en el remolino de las rivalidades interburocráticas y del botín político. Y el segundo porque, visto lo sucedido al inicio del Gobierno de Arias, devino caja chica y encubridor de maniobras político-económicas cuando menos oscuras.

¿Qué tal que fuéramos parte del Parlacén y de la llamada Corte, y fueran estos los encargados de resolver el diferendo con Nicaragua? Por suerte no recae sobre el fisco nacional el pagar que cuatro vivos se repartan los puestos en los organismos regionales para parientes y amigos, gracias a que de eso se encarga la torpe burocracia internacional de la Unión Europea, que al parecer necesita botar sus millones de euros, financiando algunas instituciones totalmente inoperantes.

En el Istmo, hoy por hoy, no hay gobiernos de izquierda ni de derecha: solo intereses creados (grandes, pequeños y miserables) en el poder. Costa Rica tiene que sacar la lección: para avanzar en los que nos interesa de esta integración, hay que aprender a andar juntos, pero jamás revueltos.

Yolanda Mayora-Gavidia, ex secretaria general de la SIECA.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 23 de enero de 2011.