Todo parece indicar que el gobierno necesita hacerse un autoexamen riguroso. Las actuaciones ante lo ocurrido con la concesión a Caldera, muestran una de dos: ineptitud supina de los más altos funcionarios, o compadrazgo y complicidad inexcusables con el concesionario. Solo Dios sabrá qué mágico sostén tiene este, que le ha permitido que se le acepte todo, que se le pague sin terminar la obra, que esta se de por acabada y -no obstante cargar ya con un muerto y múltiples paralizaciones del transporte al Pacífico-, recibir más paga y encima escaparse de una fiscalización estatal independiente realmente a fondo.
El bendito plan fiscal solidario, no es más que pagar el precio que el expresidente Arias le cobró a esta administración por adelantado. Aún está viva su imagen, a la entrada de su casa en Rohmoser, declarando -palabras más, palabras menos-, que él gastaría lo que tuviera que gastar, y que el que gobernara en el 2010, se encargara de ver cómo cubriría el déficit. El problema que aquí se presenta, contrariamente a como lo ven algunos, no es técnico, sino político. Técnicamente nuestros economistas pueden probar hasta que la tierra es cuadrada, suponiendo que “…”; pero políticamente, el ciudadano medio, escamado por tanta promesa incumplida, ve en esos dineros frescos que se persiguen, el instrumento para seguir gastando el dinero público en proyectos que nunca se realizan y en desperdicios que ya no se pueden ocultar más.
Ahora el Ejecutivo envía el demagógico e irresponsable proyecto de traslado a las municipalidades de múltiples millones de dólares para no se sabe qué funciones, salvo la de construir caminos cantonales. El propio Ministro de Obras Públicas ha tenido que reconocerlo, amén de quienes bien conocen la rigidez deficitaria de nuestros presupuestos. Esta desafortunada iniciativa para satisfacer a las cúpulas cantonales -principalmente del PLN, que tiene en ellas sus únicas pseudoestructuras electorales-, anuncia desperdicios, falta de ejecutividad, problemas de corrupción y pobre utilización de tales recursos.
Y podríamos seguir con una larga lista de fallas (nombramiento de la Ministra de Deportes) y errores (dejar marchar a doña Clotilde Fonseca), aunque se arriesgue a que con su sola mención se irrite a una Presidenta que parece estar perdiendo la paciencia, y se les interprete como un irrespeto, como ya ocurrió con el inoperante plan de seguridad.
Detenerse a pensar, no a oir alabanzas y autojustificaciones sospechosas. Sincerarse como equipo y adoptar las rectificaciones que correspondan. Clarificar el rumbo y examinar si están todos los que son y si son todos los que están. Porque a como vamos es, como dice el tango, cuesta abajo en la rodada.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 27 de febrero de 2011.
