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27 de febrero de 2011

Todo parece indicar que el gobierno necesita hacerse un autoexamen riguroso. Las actuaciones ante lo ocurrido con la concesión a Caldera, muestran una de dos: ineptitud supina de los más altos funcionarios, o compadrazgo y complicidad inexcusables con el concesionario. Solo Dios sabrá qué mágico sostén tiene este, que le ha permitido que se le acepte todo, que se le pague sin terminar la obra, que esta se de por acabada y -no obstante cargar ya con un muerto y múltiples paralizaciones del transporte al Pacífico-, recibir más paga y encima escaparse de una fiscalización estatal independiente realmente a fondo.

El bendito plan fiscal solidario, no es más que pagar el precio que el expresidente Arias le cobró a esta administración por adelantado. Aún está viva su imagen, a la entrada de su casa en Rohmoser, declarando -palabras más, palabras menos-, que él gastaría lo que tuviera que gastar, y que el que gobernara en el 2010, se encargara de ver cómo cubriría el déficit. El problema que aquí se presenta, contrariamente a como lo ven algunos, no es técnico, sino político. Técnicamente nuestros economistas pueden probar hasta que la tierra es cuadrada, suponiendo que “…”; pero políticamente, el ciudadano medio, escamado por tanta promesa incumplida, ve en esos dineros frescos que se persiguen, el instrumento para seguir gastando el dinero público en proyectos que nunca se realizan y en desperdicios que ya no se pueden ocultar más.

Ahora el Ejecutivo envía el demagógico e irresponsable proyecto de traslado a las municipalidades de múltiples millones de dólares para no se sabe qué funciones, salvo la de construir caminos cantonales. El propio Ministro de Obras Públicas ha tenido que reconocerlo, amén de quienes bien conocen la rigidez deficitaria de nuestros presupuestos. Esta desafortunada iniciativa para satisfacer a las cúpulas cantonales -principalmente del PLN, que tiene en ellas sus únicas pseudoestructuras electorales-, anuncia desperdicios, falta de ejecutividad, problemas de corrupción y pobre utilización de tales recursos.

Y podríamos seguir con una larga lista de fallas (nombramiento de la Ministra de Deportes) y errores (dejar marchar a doña Clotilde Fonseca), aunque se arriesgue a que con su sola mención se irrite a una Presidenta que parece estar perdiendo la paciencia, y se les interprete como un irrespeto, como ya ocurrió con el inoperante plan de seguridad.

Detenerse a pensar, no a oir alabanzas y autojustificaciones sospechosas. Sincerarse como equipo y adoptar las rectificaciones que correspondan. Clarificar el rumbo y examinar si están todos los que son y si son todos los que están. Porque a como vamos es, como dice el tango, cuesta abajo en la rodada.

Kandler. La Nación, 27 de febrero de 2011.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 27 de febrero de 2011.

20 de febrero de 2011

Pareciera que el pueblo empieza a despertar de su entontecedor letargo, gracias a la parálisis, desorden y descoordinación del Gobierno, el cual, para ocultar sus errores, recurre a la mentira, a fingir falsos triunfalismos y a asumir poses prepotentes que ocultan la terquedad de los hechos negativos.

Un caso risible es el de la platina. Los voceros del MOPT dijeron con falsa seguridad que el problema estaría arreglado en tres días; luego, tras acumular fracaso sobre fracaso, admitieron que había que reconstruir el puente, en un sainete histórico en el que quienes estaban encargados de resolver el problema más parecían ser los tres chiflados que el MOPT.

El otro caso, patético, es el del Ministerio de Seguridad. Ahora resulta que el esperado “plan integral”–que resuelve todo pero que no resuelve nada–, viene a hacer buenas, según el Ministro, las ocurrencias de su despacho. Quiere borrar así su viaje a Limón, del que regresó todo asustado diciendo que la corrupción y el crimen organizado habían penetrado hasta las instituciones. Ante esto, era obvio que se requería un plan especial para el puerto. ¿Dónde está ese plan? ¿Se hizo algo o no se hizo nada? Porque la reunión más reciente fue del Ministro, el OIJ y la fiscalía limonense, y nada ha tenido que ver con el retardado y abstracto plan integral.

Los disimulos ministeriales se acumulan en otros campos, entre ellos el de la isla Calero y los horrores cometidos. Pero, el más obvio, es el haber afirmado que el abuso contra las mujeres policías era mínimo, intentando tapar la denuncia de su viceministra cuando la despidió. Luego tuvo que reconocer, ante evidencias incontrastables, que los abusos sí ocurrían, pero aun así insistió en que no eran tantos. Para finalmente acabar sepultado en una andanada de denuncias y quejas de víctimas de abuso que se atrevieron a decir la verdad.

¿Y las concesiones de carreteras con costos mulmillonarios en daño del ciudadano y en beneficio superlativo de las empresas, como en el caso de la supertrocha a Caldera? ¿Recuerdan las falsas justificaciones ministeriales primero; después, el reconocimiento parcial de la verdad; y, por fin, la timorata y mediocre admisión del desastre cometido?

Obviamente hay áreas que se salvan de esta debacle; pero otras de verdad que no, como es RR.EE., cuyo titular hasta se enorgullece de la genial idea de crear un ejército pero con otro nombre. Todas estas fallas le cuestan al país muchos miles de millones que paga la ciudadanía; y, además, la pérdida de credibilidad de nuestros gobernantes y de las instituciones del Estado. De lo cual la única responsable es la dirigencia política actual, tan caduca como falaz.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 20 de febrero de 2011.