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27 de marzo de 2011

Iba a escribir sobre otro tema, pero el artículo de Kevin Casas, amigo querido, me obliga a ocuparme de él y, de rebote, del de Fernando Berrocal, que intenta escudarse en Casas para tapar su traición política a los hermanos Arias y a sus deberes cívicos, cuando como ministro sirvió a dos amos.

Por razones personales no recibí a tiempo ni pude contestar el mensaje de Kevin; lo lamento más que nadie. Qué pena que él no entendiera que yo me refería en mi columna anterior a dos reuniones y no a una sola. Una, confesada por Berrocal, en la que no vacilo en admitir que Casas no estuvo. Y otra, en la que solo se mencionó el affaire venezolano. Por desgracia, el exministro de Seguridad en privado dice una cosa: que Rodrigo Arias le propuso, no una investigación, sino usar los narcodólares para calumniar a los del NO al TLC. Tanto así, que Albino Vargas lo puso en ridículo en ADN Radio, al enrostrarle que segundos antes de entrar en cabina se lo había asegurado, pero que ya al aire, se quitaba de lo dicho.

En la reunión en Rohmoser del comando del SÍ, aunque se habría mencionado la diabólica idea, la cosa no pasó a más; otras ideas sí plasmaron luego en el memo famoso. Siempre pensé que don Kevin había cargado solo con una culpa que era compartida.

Desgraciadamente me expresé mal o me entendió peor, pero jamás le atribuí ninguna participación en la patraña de los narcodólares. Y esto, a pesar de que en los WikiLeaks, al inicio no más de su cargo, la Embajada reporta la preocupación del vicepresidente de que entrara dinero venezolano para ayudar al NO. Espero dejar así aclarada mi posición con respecto a este punto.

Sí le advierto que no cargo llagas, ni visibles, ni ocultas; ni en el cuerpo, ni en el alma. Sí tengo, en cambio, heridas, ganadas en combate, pero todas sanas, con las cuales, por cierto, ni don Óscar y menos don Rodrigo Arias, han tenido nada que ver. Pero este tema lo trataré en otra oportunidad, cuando me plazca.

En cuanto al ministro desleal, su procaz defensa coincidió –para su desventura– con la develación de los cables de WikiLeaks referidos a él, en los que queda como un dócil instrumento del Gobierno de EE. UU; un manipulador que se salta el Estado de derecho –irrespeto a otros poderes, espionaje ilegal y fondos secretos–; fiel en apariencia al presidente Arias, cuando en realidad intentaba torcer su voluntad para servir a sus titiriteros reales, la CIA y el Comando Sur. Pero además, según revela WikiLeaks, la Embajada y los hermanos Arias lo describen como indiscreto y precipitado, incapaz de pensar antes de hablar.

Semejante conducta y doblez me recuerdan a Jalil Gibrán, quien se preguntaba por qué los seres que no tienen columna vertebral, son los que tienen la concha más gruesa.

Publicado en La Nación del 27 de marzo de 2011.

Publicada en el periódico La Nación.

13 de marzo de 2011

Son múltiples los hechos que muestran que amplios sectores de la alta burocracia, como si fuesen dueños de sus cargos, autoexonerados de rendir cuentas y con una mentalidad feudal, resultan ser, no los servidores del pueblo, sino los mejores encubridores de sus propios errores y los más oficiosos y falaces defensores de los yerros cometidos por empresas privadas que han firmado contratos con el Estado.

Sin embargo, un mal mayor, menos visible, se ha ido deslizando en nuestra vida pública. Es una nueva manera de concebir el poder, de cómo adquirirlo, ejercerlo y conservarlo. El llamado Memorandum del Miedo, las revelaciones de Wikileaks y las confesiones del ex-ministro Berrocal, son apenas los brotes tiernos de una extensa raíz, que se vio de nuevo en las maniobras non sanctas contra el sindicato de Japdeva.

Los hechos están ahí. El Gobierno de Óscar Arias quería violar la Constitución, aceptando la invitación del Comando Sur para dar entrenamiento a guardias civiles costarricenses en la escuela militar que sustituyó –por simple cambio de nombre- a la ignominiosa Escuela de las Américas, cuna de dictadores y tiranías militares que sembraron de muerte y tortura el continente.

Al Presidente no le preocuparon ni la Constitución ni el pueblo. Menos la Asamblea. Le preocupó su imagen: algunas ONGs de derechos humanos y otras por la paz, podrían reclamarle su doble moral; y aunque ya en materia ecológica había echado “concha”, como dice el pueblo, el Nobel de la Paz lo comprometía demasiado. Berrocal, solícito y felpudo, no tuvo empacho en proponer la gran solución. Mandaría una carta que don Óscar no contestaría y, por silencio administrativo, se ejecutaría la decisión. Si acaso alguien se enteraba -porque todo era en secreto-, él pondria la cara, mientras don Óscar quedaba impoluto. Y así se hizo.

También se consideró, con el Ministro Berrocal o, tal vez, vaya usted a saber, en una reunión en Rohrmoser donde habrían estado presentes otros funcionarios (y hasta ex opositores), entre ellos, Casas y Sánchez, el atribuirle los millones de dólares del narco capturados en la frontera a una contribución de Chaves a los del NO. El paso no se dio, pero de ahí habría salido el ignominioso Memo, no como propuesta por hacer, sino como síntesis de acuerdos por ejecutar. La forma hundió a Casas; el parentesco mantuvo a flote a Sánchez.

Esa es la seudodemocracia que está naciendo en Costa Rica y contra la cual debemos reaccionar y vencer. En la prensa, en la calle, en los centros de trabajo, las redes sociales y la cultura. Porque es una democracia blanqueada por fuera, pero podrida por dentro. De apariencia tranquilizadora y folclor para extranjeros, pero llena de realidades oscuras y con una nacionalidad enferma.

(Por un error ajeno a nuestro control, esta columna no se publicó en La Nación de Costa Rica del 13 de marzo de 2011).