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24 de abril de 2011

Como ya he dicho, no se trata de ingobernabilidad, sino de un mal gobierno. Las peores fallas de esta administración provienen de las pifias del Poder Ejecutivo: desde el desconocimiento, desorden y amiguismo en RR.EE, pasando por el desastre con puentes, concesiones, desperdicio e inequidad con los damnificados y vista gorda con los usurpadores de tierras indígenas, hasta el bla, bla sobre seguridad, autodeslegitimado por indagar sobre casos de interés político, sometidos a la jurisdicción del Poder Judicial. En esto, ¿qué tiene que ver el Legislativo? ¿No contó el Gobierno con los votos del Libertario y los dos partidos religiosos, el control pleno del directorio y de todas las comisiones? ¿Quién manejó la agenda, el gobierno o la oposición? Ingobernabilidad no. Mal gobierno.

Esto tiene dos tiempos y ritmos: uno inmediato y electoral y otro de mayor profundidad y alcance. El electoral es la conjunción, normal y nada catastrófica, de un grupo de partidos unido para romper la hegemonía del PLN que no atraviesa una crisis ideológica –que dejó perdida hace muchísimos años–, sino una crisis de reparto y acomodo.

Para unirse electoralmente no se necesita ninguna organización especial, ni ningún sesudo programa de largo plazo. Aquí nadie lo tiene. Basta una coincidencia electoral y resolver varios puntos, como puestos y proyectos, y punto. Si eso se hace en todas partes para integrar incluso el Poder Ejecutivo, ¿es una catástrofe hacerlo para un Directorio y resquebrajar un partido aún hegemónico, pero confuso y fraccionado?

El fondo es que la crisis partidaria no ha acabado. Como fenómeno de tiempo largo, estamos todavía en transición. Hay gente extraordinaria en el PLN que está excluida. Quien sume nombres y cargos, dentro y fuera de los partidos, tendría que preguntarse cómo es posible que se pase sin ellos, mientras reina la mediocridad y el carrerismo oportunista de otros. La fracción oficial está dividida y sus principales líderes también. En el PUSC, dos de los mejores diputados, Fishman y Céspedes, ni se pueden acercar al partido. El Libertario juega su última carta para no devenir un enclave tureca del PLN. Nacido para más, no puede seguir cuesta abajo, ajeno al excelente equipo humano que ha venido subestimando. El PAC tiene que emanciparse de lo que, útil antes, ahora es una carlanca: su eticismo fanático y la falta de astucia y malicia políticas. Y el PASE, aprovechar su jefe de fracción, cada vez más lúcido, firme e independiente. El FA sí tiene su derrotero.

Agotado el espacio, en otra ocasión analizaré los tres tipos de crisis políticas de partidos e instituciones: histórica, política y electoral; y por qué los equipos de relevo no se forjan como “graduaciones” para una elección, sino como líderes para un combate.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 24 de abril de 2011.

17 de abril de 2011

El ridículo tico en la reunión fronteriza con Nicaragua, tiene un doble significado: primero, que el Gobierno, por enésima vez, se plegó a la más burda trampa y manipulación de Ortega y Cía; segundo, que hay, además de una falta de estrategia y táctica bien definidas, una ausencia de nociones fundamentales sobre la dignidad y el honor nacionales.

El gobierno de Ortega no entiende de gentilezas, ni concesiones. Para él, Alemán y demás compinches en el saqueo de Nicaragua, estas cortesías son muestra de la pendejera tica, porque para un amplio sector nica somos una nación de “cochones” (sic). Quien lo dude, que lea y oiga la prensa y radio nicaragüenses, en donde hasta los más moderados también niegan nuestros derechos.

Costa Rica no debió convocar a esa reunión, que nació confusa en su agenda y falsa en sus objetivos. Al principio se dijo que, además del telele del narco, se abriría la puerta a un diálogo privado sobre Calero. Si no, ¿para qué la presencia de los vicecancilleres de México y Guatemala, cuya participación nació para mitigar los efectos de la invasión? Ya al puro final se cambió la versión, diciendo que solo sería para lo del narco. Pero –¡oh coincidencia!– fue justo en el momento en que las “turbas divinas” orteguistas impedían –como lo hicieron en la misa de Juan Pablo II– que Ramsar-Costa Rica evaluara el daño ecológico causado.

Negarse a pasar la frontera en Peñas Blancas, cuando la seguían violando en Calero, era también dejar a Ortega imponer su deseo de lucirse como el gallo del patio con vista a las próximas elecciones, lo que ya le dio el rédito de subir a un 50% en las encuestas. De allí no podía salir nada y nuestro Gobierno debió actuar distinto; como anfitrión, en vez de evidenciar tal charlatanería, corrió servilmente a cortar una malla divisoria para que hablaran con nosotros. Si no querían pasar la frontera, debieron comunicarlo antes; pero, como no lo hicieron, lo que viniera sería su responsabilidad. Si insistían en la chabacanería de ubicar su carpa donde querían y no poner un pie en Costa Rica, había que hacerlos hablar a gritos desde el otro lado de la malla ante la prensa internacional, para que su altanería quedara como lo que es: el sello típico de su actitud oficial hacia Costa Rica. Nuestro Gobierno, sin táctica alguna, no aprovechó la ocasión y cayó víctima de la matonería de Ortega. Sobre el pretexto del narco, ¿qué colaboración se puede recibir de quien no se comporta como un ser civilizado y no respeta las leyes internacionales?

Como la dignidad y el honor, valores esenciales de nuestra nacionalidad, parecen hoy fuera de moda, esforcémonos al menos en no hacer el ridículo, ni hacer el juego a las payasadas de Ortega.

 

Foto Eyleen Vargas para La Nación.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 17 de abril de 2011.