La Conferencia en Guatemala para combatir al narco y al crimen organizado en Centroamérica, resultó en muchos discursos y un trasfondo donde apenas se adivina la verdad.
Nadie niega que hay un grave problema de violencia, pero esta se ha hecho inmanejable por razones autóctonas en el norte del Istmo. Esa violencia no nació, no se ha alimentado y no vive, del narcotráfico únicamente. En todos esos países, la fuente ha sido la violación sistemática de los derechos humanos y el reinado de regímenes tiránicos asentados en la violencia, apoyados por potencias extranjeras. Muchas de las muertes a contabilizar han sido de niños pobres, como los de San Pedro Sula, eliminados por bandas policiales, pagadas por poderosos comerciantes.
Hoy el narcotráfico agrava el mal y lo hace sobre la existencia de autoridades políticas superiores corruptas y criminales; bandas organizadas que operan en la caricatura de instituciones que abundan en el área; y, sobre todo, no luchando contra el Ejército o la Policía, sino entre sí por el dominio del mercado. Pero ese juego de poner a pelear a los narcos entre ellos, para que después aparecieran los “entorchados” como victoriosos, liquidando al último que quedara, no dio resultado.
En la reunión de Guatemala se mostró el desinterés real, no verbal, por lo que pasa aquí en ese campo, lo cual exhibe la propuesta de doña Laura como ajena a las preocupaciones verdaderas de la comunidad internacional, así como su desconocimiento de lo que ocurre efectivamente en esta área en todo el resto del Istmo, donde ella insiste en meter de cabeza a Costa Rica.
El presidente colombiano Santos congeló la sala diciendo que el narco se había colado en el salón de conferencias. “Aquí, en este salón, en esta reunión, hay personas pagadas por el narcotráfico y a los narcos le pasan la información en tiempo real”, puntualizó; tal y como se viene diciendo en esta columna desde hace mucho tiempo, por eso con Centroamérica debemos andar juntos, pero no revueltos.
Hillary Clinton ofreció un exiguo aumento de ayuda de $8 millones por país. ¿Por qué, si les interesa tanto combatir al narco, dan tan poco, y gastan tanto para mantener en nuestras aguas y puertos portaaviones y destructores, buenos para la guerra moderna, pero no para combatir el tráfico de drogas?
Se constata así que no hay interés de la comunidad internacional en dedicar recursos a combatir al narco en la región, excepto mediante préstamos del BID y el Banco Mundial, que deberemos cubrir todos.
Se subrayó que el problema es nuestro; y que, además, a ojos de ambas entidades financieras y del Departamento de Estado, nuestros ricos y empresarios deben financiar los costos de la estrategia pagando más impuestos. “Tome, chichí”.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 26 de junio de 2011.