Monthly Archives: July 2011

31 de julio de 2011

Lo que confirman las renuncias y traslados de ministros, es que con doña Laura no hay crisis de gabinete, sino ridículos del gobierno. Desde un principio, como resultado de acciones que expresaban una confusión entre terquedad y firmeza, algunos ministros fueron cuestionados por la prensa, la opinión pública y los especialistas. Tal fue el caso de don René Castro, nombrado canciller, porque él (sin atestados) se había encaprichado en ello y doña Laura no tuvo la firmeza y honestidad política para decirle que no.

Lo mismo ocurrió con otros cargos de ilustres desconocidos, que han sido como muñecos de Guiñol: salen a escena, dan una voltereta y no vuelven a aparecer sino para renunciar. Eso sí, todos, o casi todos, han tenido cuestionamientos anteriores que demandaban de la Presidenta acciones y actitudes claras, que mostraran firmeza y dirección, no palabras y más palabras, más divorcio creciente entre lo que siente el ciudadano de la calle y el edén en que está instalada la cúpula burocrática y electorera.

Lo más significativo es que mucho antes de cumplirse el año de gobierno, el país político ya esperaba una reorganización general del gabinete. Sin embargo, la respuesta entonces fue inesperada. No habría cambios, porque todo marchaba bien; la única crisis era la fiscal y los roces eran porque don Óscar quería una ley eléctrica más entreguista que la que doña Laura defendía.

En la CCSS, la señora Balmaceda no veía crisis alguna, aunque los quirófanos se le estuvieran cayendo a pedazos, las colas crecieran a una velocidad geométrica, y el descontento –dentro y fuera de la institución– fuera público y notorio. Hubo un escándalo, sí: el del estado financiero del fondo de invalidez, vejez y muerte, que decían los privatistas que estaba a punto de derrumbarse. Pero cuando estalló la verdadera crisis, resultó que era lo único que realmente funcionaba. Con directivas y presidencias así, para qué se necesitan abusos ni redes de corrupción.

Por donde se mire, saltan los defectos, fallas y causas de descontento popular. Pero políticamente, con sus desafortunados cambios, el Gobierno ha mostrado, nuevamente, que no ve, no oye y no siente. Nombrar al señor Castro en el Minaet no es otra cosa que provocar la resistencia de los ambientalistas y del pueblo en general. ¿Por qué lo hace? Resulta tan irritante la decisión de poner a don René en ese cargo, que más pareciera una provocación, que un nombramiento.

Muestra que el Ejecutivo no sabe dónde está parado, ni adónde va, pero que hay otros que sí parecen saberlo. Solo que estos no emanan aroma de café, sino un fuerte tufo a minas, gas y petróleo… y sus inseparables escándalos de corrupción, inestabilidad y debilitamiento de las instituciones democráticas.

Publicado en La Nación del 31 de julio de 2011.

24 de julio de 2011

Las razones para que doña Laura agotara en doce meses su espacio político son claras. Primero, porque a pesar de haber estado en el Consejo de Gobierno de don Óscar, no parece haberse enterado muy bien de lo que ocurría a su alrededor y de la mesa que le estaban dejando servida. Creyéndose de verdad que lo que tendría que hacer era sentarse al banquete, descubrió muy tarde que el banquete no era tal, que su papel no iba a ser el de anfitriona y que, por el contrario, se vería en la penosa situación de tener que apechugar al menos con tres bombas de tiempo que le dejaba su patrocinador.

Primero, lo de la CCSS, que no es de hoy, ni solo de salarios o incapacidades, sino manifestaciones bastante más profundas de un asunto al que nadie quiere meterle el diente. Estructuralmente, la cuestión tiene mucho de técnica y de corrupción. Técnica, porque Costa Rica cambió y su población demanda atenciones médicas de muy diferente naturaleza e instalaciones hospitalarias más modernas, flexibles y cercanas a la población. En cuanto a la corrupción, tiene un amparo declarado en las corruptelas políticas que apoyan, ocultan y vuelven impunes los grandes vicios que allí se multiplican: biombos, jefes que no llegan a cumplir con sus deberes y recargo de trabajo en interinos; mientras, muchos disfrutan de incapacidades injustificadas, a falta de verdaderos controles y auditorías (con las excepciones del caso, valga decirlo).

En el ICE, la segunda bomba, a la politiquería y desperdicio de los dineros públicos se suma una privatización acelerada, sujeta a los intereses gremiales y de empresas transnacionales, que han venido moviéndose al igual que en la Caja, como si la institución fuera otro bien de difunto más.

La tercera bomba de profundidad es la seguridad pública. El Gobierno llegó convencido de que bastaba decirle sí a la DEA, olvidarse de la otra infinidad de delitos (organizados o no), y andar con la mano extendida a nivel internacional, para darle sentido a un famoso –y jamás presentado– “Proyecto integral de seguridad”, que le aliviaría a doña Laura el peso de su promesa de campaña y la exigencia cada vez más desesperada de la población.

A ello se suma el descontento acumulado y justificado de los ciudadanos, ante la deficiencia de servicios, complacencias con los concesionarios, ausencia de responsables y el permanente “yo se lo juro que yo no fui”. Pero, sobre todo, la falta de un equipo ejecutivo, interesado, dinámico y libre del fatal espíritu burocrático que carcome a la administración.

Sin ese equipo, todos lo sabemos, no es posible arreglar ni una alcantarilla. La pregunta que corresponde en una sociedad convulsa, incrédula y bajo un desgobierno, no puede ser otra que esta: “¿Quo vadis, doña Laura?”.

Caricatura de Kandler en La Nación del 24 de julio de 2011.

Publicado en La Nación de Costa Rica el 24 de julio de 2011.