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Tribuno de la democracia

Dr. Jaime Daremblum*

 

La partida de Rodolfo Cerdas ha dejado vacíos difíciles de llenar en el mapa político de Costa Rica. El país ha perdido un tribuno democrático que contribuyó a renovar nuestras estructuras y visiones políticas y que, en los últimos años, utilizó su elegante e incisiva pluma para crear conciencia sobre los desafíos que actualmente enfrentamos.
Sus colegas hemos perdido un intelectual sólido y serio, con notables contribuciones a la interpretación histórica y, en general, la ciencia política. Y en lo personal he perdido a un amigo respetado y querido, con el que me unieron lazos entrañables que superaron con creces cualesquiera diferencias ideológicas.
Con Rodolfo Cerdas tuve la fortuna de labrar una amistad de toda una vida. Fue gracias a la solidaridad y generosidad de su padre, don Jaime, por lo que mis progenitores pudieron vencer trabas en la administración y obtener la naturalización en esta patria noble en los años cuarenta. Eran aquellas, sin duda, épocas turbulentas que anegaban el mundo con odios racistas, destrucción y muerte.
Años más tarde coincidí con Rodolfo en las aulas de la Facultad de Derecho. Después tuve el privilegio de colaborar en nuestros afanes intelectuales en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, y posteriormente en el Centro de Investigación y Adiestramiento Político Administrativo (CIAPA). En esta extraordinaria institución, liderada por nuestro recordado amigo y mentor, Samuel Stone, durante varias décadas discutimos ideas en un plano de respeto y franqueza, libres de los sofismas y el propagandismo que ya entonces amenazaban secuestrar el discurso político del país.
A lo largo de esos años, Rodolfo siempre mostró su rigor analítico, su bonhomía y capacidad para discrepar con firmeza pero con absoluto respeto, el coraje de ser leal a sus convicciones y su inquebrantable compromiso con el bienestar integral de la sociedad costarricense. Ni la duración y seriedad de su enfermedad le impidió consagrarse hasta el final a ese compromiso de actuar como un tribuno en pro de la democracia costarricense y de luchar por preservar las características sociopolíticas que nos han diferenciado de otras naciones.
En los últimos años era evidente su preocupación, casi diría angustia, en torno al deterioro de nuestro sistema político partidario y por lo que podríamos denominar la creciente centroamericanización de nuestro país. Rodolfo aprovechaba todas las oportunidades para llamar la atención sobre esa problemática y convocar a enfrentarla activamente, particularmente desde sus columnas.
Retroceso regional. Los recordatorios sobre la validez de sus preocupaciones no escasean, por desgracia. Sobre los riesgos del deterioro de nuestro sistema político, baste observar hoy nuestro vecindario. En Guatemala se aproxima una segunda ronda electoral donde se escogerá presidente entre un general retirado a quien le atribuyen violaciones masivas de los derechos humanos, Otto Pérez Molina, y un candidato populista sospechoso de vínculos con el narcotráfico, Manuel Baldizón.
En Honduras, entretanto, el presidente Lobo no logra encontrar su rumbo y el expresidente Zelaya, quien desató con sus actuaciones irresponsables la grave crisis política que recién afrontó esa nación, se alista para lanzarse de nuevo a la búsqueda del poder, con los consiguientes riesgos para la estabilidad que todo este escenario puede plantear. Y en Nicaragua, los ciudadanos pronto irán a una elección muy poco democrática en la que el presidente Ortega intentará perpetuarse en el poder, a lo Chávez, gracias a una letanía de subterfugios y evidentes violaciones de normas constitucionales y legales.
El reciente Informe de Competitividad Mundial 2010-2011 del Foro Económico Mundial no solo reflejó que la competitividad de nuestro país sigue debilitándose, sino que este fue un rasgo común para la región centroamericana. Al examinar Centroamérica, queda claro que Costa Rica retrocedió al lugar 56, y tras haber ocupado el segundo lugar en Latinoamérica ahora nos superan ya varios países de la región. También es patente que este rasgo de retroceso es algo que compartimos con el resto de Centroamérica, donde solo Guatemala logró un ligero avance, del puesto 80 al 77, al tiempo que todos los demás países se estancaron o retrocedieron.
Cuando en una medición de este tipo empezamos a ver que Costa Rica tiene una tendencia en la misma dirección negativa que el resto de Centroamérica, resulta evidente la necesidad de repensar seriamente el modo en que el país está encarando sus desafíos. Y a esto se aúna el más que evidente crecimiento de la violencia y la criminalidad, que si bien lejano de los niveles de países como El Salvador, Guatemala u Honduras, sí muestra síntomas preocupantes que deben ser abordados con seriedad antes de que sea demasiado tarde.
Sobre estos y otros problemas, Rodolfo Cerdas llamó incesantemente la atención. Lo hacía en cumplimiento de su acendrado compromiso por contribuir a que construyéramos una sociedad mejor sobre la base de nuestra herencia histórica. Fue la tarea incansable de un tribuno de la democracia. El mejor homenaje que se le puede rendir a este intelectual, político y ciudadano excepcional, será siempre tener presente su convicción y compromiso inquebrantable por construir juntos una sociedad equilibrada, justa y equitativa, que preserve y profundice los elementos centrales que nos han distinguido en la comunidad internacional.
*Politólogo.
Publicado en el periódico La Nación de Costa Rica, el viernes 30 de setiembre de 2011.

 

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De “La bruja del sombrero”

Modelo de Radio Zenith 1939. Foto del Western Historic Radio Museum.

“Sentados en círculos después de la comida, en viejos bancos de madera unos y en el suelo los demás, oíamos un programa radial que nos llegaba a través de un viejo radio Zenith. Este era una posesión que, en aquellos años de la Segunda Guerra Mundial, constituía un verdadero privilegio. Por su recepción de onda corta  se colaban boletines de guerra que hacían persignarse a mi madre, en los que los muertos, invariablemente, eran más del lado alemán y japonés, que del de los aliados. Al oírlos, recuerdo que movía con incredulidad su cabeza, sin ver que así generaba en mí esa desconfianza que desde entonces me producen todos los partes oficiales…”.
“La Cofradía de la Buena Sombra y otros relatos”. Pág. 51.