Como algunos tratan de aprovechar el clima artificialmente creado contra la Sala IV –luego seguirá la Contraloría, la Defensoría y todo lo que les dificulte su intención autoritaria–, es bueno examinar sus argumentos. Sí debe quedar constancia de que es necesario evaluarla y madurar reformas bien pensadas, que no debiliten la defensa de los derechos civiles y libertades individuales en favor de ese monstruo que es el Estado y que, por inoperante, ineficiente y corrupto, ya no llega ni siquiera a la condición de ogro filantrópico.
Se dice que prohibió los retenes policiales, salvo si se realizan bajo los términos y condiciones establecidas por la Constitución y las leyes.
Costa Rica acaba de protestar por la Ley contra los inmigrantes de Arizona, porque la Policía puede detener a cualquiera, no más sea por su apariencia, para ver si es un odiado ilegal. “Es una violación de derechos humanos”, dijimos a nivel mundial. ¿Pero aquí dentro, con los retenes, sí se podría detener a cualquiera, sin motivo alguno y ni siquiera porque tenga apariencia de narco, o delincuente? Un doble rasero que muestra que para cierta gente los DD. HH. no son universales.
También se afirma que, a pesar de la urgencia y bondad de la concesión muellera en Limón, la Sala cometió “el horror” de revocar lo hecho y fallar conforme a lo establecido por el Código de Trabajo, la Convención –que es ley entre las partes– y los acuerdos de la OIT. Es decir, se le reclama a la Sala que no aplicó el criterio de que el fin justifica los medios y que las violaciones a las leyes y garantías –y por ahí el Estado de derecho–, están muy bien, siempre que beneficien a quienes tienen el poder fáctico para imponer su criterio. Siempre me he preguntado: ¿los sindicatos limonenses negociaron consigo mismos o lo hicieron con una parte patronal? ¿Cuál fue esta, de qué partidos y en qué momentos y cómo responden a esa piñata que alguna contraprestación tiene que haber tenido?
En fin, objetan que le dio órdenes a la Asamblea para que legislara, porque el no hacerlo perjudicaba seriamente derechos ciudadanos. ¿Ya se les olvidó la Ley del referéndum, que esperando a la Asamblea aún hoy no tendríamos? A propósito de referéndum, se le reclama también que no aprobó uno sobre las uniones gais. ¿Cómo iba a aprobarlo si eso ponía en manos de una mayoría contraria los derechos humanos de una minoría discriminada y hasta odiada?
Reforma a la Sala IV sí. Pero no en contra de ella, como quieren algunos, sino a su favor: para hacerla más ágil, más fuerte y con más capacidad de seguir al servicio de los derechos humanos y las libertades civiles de la ciudadanía.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 10 de octubre del 2010.
