Es muy saludable la diferencia de estilo de la Presidenta electa al abrirse a un diálogo sin resentimientos ni condiciones previas con la oposición. Si esa hubiese sido la actitud del actual Gobierno, muchos problemas estarían resueltos. Mientras doña Laura busca superar las fricciones de campaña, el ministro de la Presidencia colecciona y rumia resentimientos y amenaza con acusaciones a los opositores. Una diferencia no solo de estilo, sino de prioridades: en el ministro, su yo; en doña Laura, Costa Rica.
Naturalmente no se puede coincidir con todas sus iniciativas, ni esperar un 100% de resultados. Por ejemplo, las concesiones a los partidos confesionales que contra la Constitución hacen campaña invocando motivos de religión, son de cuidado, no más sea porque en muchos de sus templos se amenaza la salud (por falta de servicios sanitarios), la seguridad de sus feligreses (por carencia de salidas de emergencia), y se perturba la tranquilidad pública, dada la tendencia detestable de querer imponerle a los demás sus exaltados sermones y sus bulliciosas celebraciones, con equipos de sonido a todo volumen, que violan la paz y tranquilidad ajenas.
El momento del diálogo no es el mejor, ni para la oposición, ni para doña Laura. Aunque en luna de miel postelectoral no se menciona divorcio, la verdad es que ninguno sabe con quién negocia. A ella le falta resolver las tensiones internas en la distribución de cargos (lo veremos después de la “encerrona” que le tiene don Óscar en Cancún), que envuelve no solo personas, sino grupos de interés. En política económica ya está claro. Pero faltan otros cargos decisivos. Las tensiones se dan en el grupo de campaña entre sí, y entre este y el Gobierno de Arias, que tiene su propia lista y su propia agenda. También la oposición está en reacomodos, incluso de sus liderazgos; y, con ello, de los énfasis y estilos de oposición. Tanto el PAC como el ML han terminado siempre con menos diputados que con los que empezaron y nada garantiza que eso no se repita.
El gesto de doña Laura es encomiable. Muestra convicción, inteligencia, humildad y firmeza, todas ellas cualidades personales suyas bien conocidas. No ha cometido el error de diálogar sobre un abstracto modelo de país, sino sobre temas muy concretos. Y allí hay un campo rico y fértil para el diálogo y la resolución y una oportunidad de liderazgo independiente.
Los problemas de fondo, como la reforma política, la continuación hacia un capitalismo puro y duro, o un suave viraje hacia una sociedad solidaria y con una identidad más allá de lo folclórico y turístico, se irán resolviendo, posiblemente, más en fuertes confrontaciones políticas, que con diálogos y buenas intenciones.
Publicado en La Nación de Costa Rica el 21 de febrero de 2010.