Las negociaciones para el Directorio legislativo han revelado que el sistema de partidos sigue sin recomponerse y que los reacomodos se conciben al margen de cualquier enfoque programático e ideológico. Aunque bien cabría preguntarse: ¿para qué programas e ideologías? Sin embargo, la verdad es que, aun cuando se les ignore, no quiere decir que no existan. Existen, pero como se ocultan, no hay conciencia ni compromiso explícitos. Ideologías así son las peores, por su pobreza intelectual y porque el interés colectivo es sustituido sin dificultad por el de lidercillos y sectores privados.
La candidatura de doña Laura le dio un respiro al PLN, que los hermanos Arias se empeñan vivamente en ahogar. Don Rodrigo es el aspirante para el 2014 con más posibilidades de dividir y debilitar el partido y generar en su contra las reacciones más adversas, entre ellas, la de unificar a sus opositores. Pero, por lo pronto, la maquinaria funcionó, aunque lo que algún día quiso ser partido y retrocedió a maquinaria electoral, continúa su declive.
En la oposición, el PAC se consolidó como un grupo electoral que no puede seguir jugando a ser sorpresa, innovación, ni emergente. Esto le exige mucho. Por eso tiene que saber capitalizar la libertad de escoger un nuevo candidato, ser capaz de dejar atrás las falencias atávicas del eticismo rígido, de ciertas ideas tecnocráticas insostenibles y de una inflexibilidad política manifiesta, no tanto en la negociación, como en su radical incomprensión del fenómeno político mismo.
El caso más llamativo es el del Libertario. Rozando con sus dedos el triunfo electoral, ha mostrado fisuras internas, un personalismo debilitante y decisiones cuasisuicidas, como la de gestar una nueva alianza con el PLN, que, intuyo, esta segunda vez le resultará nefasta. De hecho, le pegará cualquier exceso derechista del aliado; le lavará al Gobierno cualquier pifia neoliberal; le borrará a los libertarios su suave desplazamiento al centro en la última campaña; le hará receptáculo de los errores del Gobierno; y los volverá electoralmente irrelevantes: ¿para qué votar libertario, si es lo mismo votar por el PLN? Espantado el voto del PUSC con esta alianza, ¿de dónde saldrían los votos para ganar? ¿Del PLN?
Así, el descontento popular no halla partidos, sino solo maquinarias electorales de cristal, prestas a quebrarse en cualquier momento por intereses personalistas; el sistema partidario no funciona y es incapaz de revivir la hoy desacreditada representación política; y las esperanzas de políticas públicas, ya no de largo aliento, sino de mediano plazo, son casi nulas. Esa es parte de la ominosa herencia política que recibe el nuevo Gobierno. Porque la social y económica son otra cosa y peor.